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Historia

Una semblanza de 50 años del Club Náutico Los Nietos.

Estas líneas que siguen no pretenden ser una historia minuciosa del club, ni tampoco un retrato sentimental de las personas que han pasado por él a lo largo de los últimos 50 años. Difícil sería por parte de alguien como yo que no puede, ni por antecedentes familiares ni por antigüedad en la institución, remontarse por si mismo a su pasado. Lo más, quisiera acercar a los socios más jóvenes, y recordar a los más veteranos, algunos hitos e imágenes significativos de este largo ciclo. Sin duda alguna los auténticos protagonistas de esta historia encontrarán errores y lapsus imperdonables en estas líneas. Ruego disculpas por adelantado, y también a aquellos que se sientan olvidados, pues no es mi intención más que recordar un esfuerzo, que aunque ha tenido nombres concretos, a la larga ha terminado por repercutir en todos nosotros.

Recuerdan los socios más antiguos que la idea de construir un club de madera, a la manera de los viejos balnearios y las casetas de algunos particulares, surgió de una regata de vela latina, en el verano de 1952, a iniciativa de unos 80 veraneantes de la playa de Los Nietos. El grupo, liderado por una docena de entusiastas, se reunió varias veces durante el otoño de ese año y colocó unas escuetas notas de prensa, en las que se hacían llamamientos a todos los interesados en el proyecto. En estos encuentros fraternales y en una cena celebrada en noviembre de 1952, a la que se invitó al alcalde de Cartagena del momento, Miguel Hernández Gómez, se irían concretando los apoyos a la iniciativa y la primera directiva oficial de la nueva sociedad, presidida por Don Fulgencio Roca Martinez.

Junta Directiva fundacional del Club Náutico Los Nietos, en 1953
CargoNombre y Apellidos
PresidenteFulgencio Roca Martinez
Primer VicepresidenteJosé Sánchez Rosique
Segundo VicepresidentePedro Araujo
SecretarioJosé Faura Araujo
TesoreroLuis de Andrés López
ContadorLuis Segado
ConservadorAurelio Ayala
ComodoroAntonio García-Carreño
Vocal PrimeroLuis Navarro Mascarell
Vocal segundoÁngel Zamora Conesa
Vocal TerceroEmilio Restoy Godoy
Vocal CuartoJerónimo Sáez
Vocal QuintoPedro Madrid Mercader
Vocal SextoPlácido Romero
Vocal por Los NietosSalvador Sánchez Vila
Vocal por MurciaRamón Madrid
TesoreroEnrique Aldaz

 

El proyecto definitivo de club, diseñado por Gallego, García Herrera y García-Carreño,  consistía en una plataforma de 300 metros cuadrados, unida a la playa con una pasarela de 65 metros, sobre la que se construiría una pequeña sede social, de 7,5 por 15 metros, con una terraza superior, dejando un espacio para el esparcimiento en la cara norte. La obra, que se encargó a los contratistas Valcarcel y Cargerán, de Los Alcazares, se presupuestó en 350.000 ptas., de las de entonces, que se pensó financiar con algunas subvenciones, las primeras cuotas sociales, que alcanzaban las 10 

ptas mensuales, y unas láminas por las que los nuevos socios pudieron aportar, a fondo perdido, 5.000, 1.000, 500 o 100 ptas. Tras un inevitable retraso de una semana, motivado por un temporal, las obras se iniciaron solemnemente el 23 de marzo de 1953, con la bendición del primer poste por el cura de los Belones.

Los buenos oficios de la directiva permitieron reducir los gastos de la construcción de una manera considerable. La madera del club, que se consiguió gratuita de los derrumbes del arsenal de Cartagena, se trajo desde allí con un trasporte que cedió gentilmente la Mancomunidad de los Canales del Taibilla. La pintura la regaló, en su caso, el flamante presidente honorario del Club, el Duque de las Torres, que residía por aquel entonces en verano en la posiblemente mal llamada isla del Barón, y digo mal porque los Figueroa, muy vinculados a Cartagena y La Unión desde su época de fundidores y exportadores de plomo, ostentaban varios títulos, pero ninguna baronía entre ellos. Finalmente, la luz la pondría un generador, que cedió esta vez Tomás Maestre.

Tras unos cuatro meses escasos la obra estaba lista para la inauguración. La cinta la cortaría la hija del Capitán General-Almirante de Cartagena, Doña Maruja Vierna y Pita, que ejerció como Madrina en el solemne acto, celebrado el 20 de julio de 1953.  Acudirían a él muchos políticos, benefactores y amigos del club, que lucía engalanado sus primeras banderas y gallardetes.

El pequeño club de madera se convertiría pronto en el centro social de los veraneantes de la playa de los Nietos, con casi 350 socios. Por añadidura, la entidad confirmó desde sus inicios su decidida vocación náutica, organizando sus primeras seis regatas, a las que incorporaron otros tantos botes de la vela latina, de 21 palmos, que el club compró por una peseta (el Pitín) a Don Tomas Maestre (El Lobo), a la espera de la cesión de algún que otro Snipe que había prometido la Bazán.

Las cosas discurrieron plácida y lentamente en los primeros años de vida del nuevo club, tanto, que el propio Aurelio Ayala, tercer presidente de la entidad, consideraba que, nueve años después de la fundación, el club estaba aún por terminar en su proyecto primitivo. Sería el propio Ayala, uno de los presidentes que más tiempo permanecerían en el cargo, el que afrontó la terminación de las obras y una ampliación significativa de la terraza, avanzándola 10 hacia levante, para poder crear una zona específica de náutica, y otros tres metros hacia poniente, para facilitar los bailes, aunque luego se tendría que ampliar aún más, para dar cabida a las cocinas del bar y una pequeña oficina.

Un año más tarde, y coincidiendo con los diez de la fundación, se crea la primera flotilla de vela ligera del club, la de la clase Cadete. Ese mismo año, el “Twist”, de Tomás Gutiérrez y Juan Soto ( El Leveche), consigue el primer éxito deportivo de entidad, al hacerse con el Campeonato de España de la clase, que abrió paso a un racha casi ininterrumpida de victorias en el nacional, que se repetiría en 1966, 1968-1972, 1974 y 1978-1980, de la mano de los hermanos Soto, los Haenelt, José Velasco, José Albadalejo, Luis García, y Carlos Martínez, que ganó los tres últimos años llevando de tripulantes a S. Villaescusa, Daniel López y Carlos Grass. En 1966, se crearía la flotilla de Vaurien, que tantos éxitos ha dado al club, y que alcanzó en poco tiempo la hegemonía regional, con  la consecución de los Campeonatos de 1968, 69, 

1970 y 71, esta vez de la mano de Alejo Aldegunde, Miguel Sáez y Juan y José Albadalejo. En 1970 le seguiría la creación de la flotilla de la Clase Snipe y, como es de esperar del empuje y el buen  hacer de José Sánchez (Miliky) y Modesto Alonso, consiguió dos años más tarde el Campeonato de España Juvenil de la Clase y el Campeonato de Europa y Norte de África Juvenil.

Pero el pequeño refugio de madera, al que había renovar periódicamente las traviesas de madera y el mobiliario, se resentía con el paso de los años y las necesidades de espacio. La propia fragilidad del club se notaba sobremanera en los temporales y en las citas demasiado concurridas. No faltaron las ocasiones en las que algunos se tuvieron que echar al agua para apagar algún incendio fortuito. En la zona de náutica apenas había espacio para algunos barcos y la mayoría de los navegantes varaban los suyos frente a sus casas, a la espera de que Atanasio izara la bandera para anunciar las regatas, por lo que hubo que construir una segunda plataforma, que se adentraba en el mar (pronto bautizada como la “Ele”), para poder acoger regatas más numerosas. El viejo club se había quedado pequeño y fueron muchos los que empezaron a acariciar la idea de atacar una ampliación definitiva.

Fue el presidente Mariano García Madrid el primero en atreverse a proponer formalmente, en la Asamblea de socios de septiembre de 1975, su intención de construir un club nuevo. El proyecto inicial, al que García Madrid calculaba un coste de unos 20 millones, no se parecía al actual, puesto que la directiva pensó más en una consolidación del antiguo club, cambiando maderas por mampostería y alargando la instalación hacia en interior del Mar Menor. La iniciativa se recogió sin duda con agrado por parte del resto de los socios, e incluso recibió el apoyo explícito del ayuntamiento de Cartagena, que puso a disposición del club sus técnicos. Sin embargo, los socios no se pusieron de acuerdo en la manera de financiar las obras y tampoco estuvo muy rápido el arquitecto municipal, de tal manera que pasaron tres años y, coincidiendo con las Bodas de Plata del club, García Madrid y su Junta Directiva dimitieron, al cumplirse los cuatro años reglamentarios de su mandato, sin haber podido darle forma a su proyecto. Tomaría el relevo una junta presidida por Luis Peralta, que se confirmó en el cargo con la única idea de comenzar cuanto antes la ampliación del club. Peralta, que era un empresario con mucho empuje, sí logró convencer a la Asamblea de socios sobre la imposibilidad de hacer frente al proyecto sin sacrificios y menos aún con un presupuesto anual de apenas un millón de pesetas, por lo que se imponía la aprobación general de una primera derrama de 25.000 ptas por socio adulto, que debía ser obligatoria para poder ser efectiva. Con ese dinero pudo encargarse el proyecto técnico definitivo, cuyo presupuesto resultó ser cuatro veces más caro que el de García Madrid (74 millones), e iniciar las obras. A pesar de todo, la directiva recibió un amplio respaldo y muchos se montaron en ese momento al carro: la prueba estaría en que el número de socios pasaría de 340 a 920 socios antes de terminar 1979.

El proyecto era ambicioso en suma, quizás demasiado grande para una localidad del tamaño de Los Nietos, pero, más que por desproporción, los problemas de financiar tamaña obra vinieron por la desgraciada coincidencia del proyecto con la crisis económica, que se cebo en los planes de la directiva.

Peralta había previsto financiar la construcción con las aportaciones de todos los socios, suficiente según sus cálculos para pagar puerto y sede social sin tener que desprenderse más que de 180 puntos de amarre, que se cedieron a la empresa constructora (SACOP) y un crédito al Banco de Crédito a la Construcción de algo más de 20 millones a devolver en 15 años. Pero la combinación dependía del mantenimiento de las cuotas y, sobre todo, de la buena voluntad de la totalidad de los socios. Sin embargo, esta circunstancia no se dio: al menos la mitad de sus socios se demoraron un par de años en pagar su derrama y un tercio nunca la pagaron, dejando huecos en la deuda financiera de la entidad que tuvieron que refinanciarse con los disparatado tipos de interés vigentes en el mercado. Fueron esos impagos y los retrasos en una subvención oficial que no llegaba los que se llevaron por delante el “castillo de naipes” diseñado para pagar la obra. De tal manera que se tuvo que pedir una segunda derrama de 12.000 Ptas. y aplicar una subida general de cuotas con la obra a medio hacer, a riesgo de perder todo el dinero adelantado. Las cuentas, a pesar de todo, no salían. Cuando en el verano de 1982 se dieron por concluidas las obras del club la situación financiera era muy complicada. Ante las demoras en los pagos se tuvo que pedir una nueva derrama, de 24.000 mil ptas., a la que se uniría otra de 5.000 en 1984, que cubría los intereses a pagar por el crédito hipotecario, pero no la deuda con la constructora. Las asambleas de socios de esos años, siempre multitudinarias, se volvieron larguísimas y tensas. Los nuevos socios protestaban por la imposibilidad estatutaria de votar y pronunciarse, puesto que se les exigía una antigüedad de cuatro años. Las soluciones financieras (nuevas derramas y subidas de cuotas) que debían tomarse eran acordadas por los socios más comprometidos desde siempre con el club, y no todos estaban dispuestos a seguirlas. El club perdió muchos socios por ese motivo. Concretamente la nómina quedó reducida a cerca de 600 miembros, empeorando aún más los problemas de la entidad. En la junta del verano de 1985 Peralta y su directiva abandonaron la nave, sin  ideas para salir del atolladero y quejosos por la falta de apoyos de la gran masa social.

El club se puso entonces en manos de una gestora de socios, presidida por Antonio Miranda, que se ofreció para dirigir interinamente la entidad, en tanto que es buscaban soluciones y una directiva definitiva. La Gestora se encontró con un embolado financiero indescifrable, con muchas letras pendientes y tan solo 312 socios con sus cuentas al día. Quedaba dos préstamos pendientes de pago, uno de 17 millones con el banco y otro de 24 con la constructora. Nuevamente se tuvo que solicitar fondos a los socios para ir pagando costes ordinarios y en mayo de 1987 la junta se vio obligada a tomar un nuevo préstamo para cubrir intereses impagados, por lo que la situación empeoró considerablemente.

Tras la inevitable renuncia de Miranda se nombró una nueva gestora, presidida esta vez por José Luis Belda, que tuvo que tomar el “toro por los cuernos” y saldar la deuda con la única medida realista: vendiendo puntos de amarre y garantizando los créditos en curso, en una tarea ardua que se alargaría durante sus dos primeros mandatos, de tal manera que no se consideró pagada la obra de ampliación del club hasta bien entrado los años 90.

Presidentes del Club Náutico Los Nietos
NombreAños
FULGENCIO ROCA MARTINEZ1953 - 1957
JOSÉ SÁNCHEZ ROSIQUE1957 - 1958
AURELIO AYALA SÁURA1958 - 1962
PEDRO GONZÁLEZ LORENTE1962
AURELIO AYALA SÁURA1962 - 1967
SALVADOR RODRÍGUEZ BARRIONUEVO1967 - 1974
MARIANO GARCÍA MADRID1974 - 1978
LUIS PERALTA CATALÁ1978 - 1985
ANTONIO MIRANDA GUILLÉN1985 - 1987
JOSÉ LUIS BELDA GUARDIOLA1987 - 2000
FRANCISCO CRISPÍN FUENTES NARVÁEZ2000 - 2004
MIGUEL CRESPO GARCÍA2004 - 2012
JOSÉ MARÍA GARCIA-CARREÑO MARTÍNEZ2012 - …

Ajenos a los problemas administrativos del club, los resultados en la náutica deportiva fueron muy positivos, en tanto que aumento la masa social y se comenzó a disfrutar del espacio necesario para los entrenamiento y la organización de regatas.

Apenas terminado en sus obras, el club mantiene una flota muy numerosa en las clases Vaurien, Snipe, cadetes y optimits que le hacen ser el más numeroso en licencias de la antigua federación levantina, con 250 licencias a inicios de los 80. La lógica consecuencia sería que el club Náutico Los Nietos conquistaría en 1981 los campeonatos regionales de las clases Cadete, Snipe y Vaurien. Antes que terminara ese año, Carlos Martínez y Guillermo Beltri recuperaron la estela de los triunfos internacionales, al conseguir el Subcampeonato del Mundo juvenil de la clase Vaurien en Holanda, que consolidaron el año siguiente con un subcampeonato absoluto, después de haberse mostrado intratables en los campeonatos regional y nacional de la clase. Unos años más tarde, siguieron otros éxitos esperanzadores en la clase optimits. Domingo Espejo, a bordo de su “Eolo”, conquistaría tres campeonatos regionales consecutivos de la clase benjamina, desde 1985 a 1987.

No obstante, será desde el año 1994 cuando el club vive su época más dorada desde su fundación en lo deportivo. Desde entonces se han conseguido para el club seis Campeonatos de España, tres de la Clase Cadete, dos de la Clase Vaurien y uno de la Clase Snipe; tres Campeonatos Regionales de las clase Vaurien y tres de las clases Cadete y Snipe; dos Copas de España en la Clase Cadete y una en la Clase Vaurien y compartida en Catamaranes. Los Albaladejo, Barrionuevo, Soto, García, Yagüe, Segado, Madrid, Díaz, Gálvez, Pedreño, Martínez y las hermanas Reyes han dado nombre a estos importantes triunfos. La clase Vaurien aportará, además una larga lista de éxitos internacionales: en 1997 Francisco y José Valverde consiguieron el primer campeonato del mundo para el club, en nuestra propia casa; en 1999 y 2000 Alberto Martínez y Sergio Barrionuevo se harán por dos veces con el campeón del mundo juvenil clase Vaurien; palmarés de ese año que completaron Javier García y Francisco Segado conquistando el campeonato Europeo de la Clase; en 2001 Alberto Martínez,  esta vez con José Albaladalejo, consiguieron el triunfo absoluto en el Mundial, disputado en Follonica (Italia), en el que Sergio Barrionuevo y Federico Gálvez alcanzaron el triunfo juvenil. En síntesis, una década en la que se ha logrado cerrar un palmarés sin par en la vela ligera del Mar Menor y de toda la Región murciana.

Pero el club no se ha conformado solo con mandar a sus regatistas por toda España y el mundo, puesto que, además, ha sido anfitrión de importantes eventos deportivos. Ya en 1979 celebró su primer gran evento internacional: la regata TAFF de la clase Snipe. A esta prueba siguió la compleja organización de dos Campeonatos del Mundo, uno de Snipe, en el 1990, y el campeonato del mundo de la clase Vaurien, en 1997. Ha organizado, además de infinidad de regatas de renombre nacional y numerosos campeonatos regionales, nueve Copas de España, un Campeonato de Europa y nueve Campeonatos de España, el último, de la clase cadete, el pasado mes de julio.

Hoy, 50 años después, el Club Náutico los Nietos sigue siendo uno de los puertos deportivos con más puntos de amarre del Levante español, y el que sostiene la mayor masa social del Mar Menor. En lo deportivo, además, tenemos la suerte de contar con una escuela reconocida y premiada varias veces como la mejor de la provincia. No  obstante, la nueva directiva se ha puesto de la tarea de modernizar el club, quitarle algunas telarañas y hacer obras de nuevo. El futuro y la historia dirán si estuvo a la altura y pondrán a cada uno en su sitio. Muchos echarán de menos el espíritu pionero y entusiasta de los fundadores del club. Algunos quizás vean al club algo impersonal y añoren la época en la que las mayores preocupaciones pasaban por dejar o no entrar a los novios de las hijas de los socios a las instalaciones o aquellos tiempos en los que la afición al deporte de la vela se vivían de una manera más familiar y bullía de cada una de las casas de Los Nietos. Quizás otros muchos ni siquiera conozcan ni valoren los esfuerzos que otros hicieron para que podamos hoy disfrutar de tanto espacio y confort. Sin embargo, la herencia de tantos años, tanto en lo material como en lo sentimental, está ahí. Y eso es algo que, en definitiva, entre todos, hemos conseguido.

 

Miguel A. López-Morell
Doctor en Historia Económica
Profesor de la Universidad de Murcia